Instan a las iglesias palestinas a crear una base económica
Ante la fuerte caída del número de cristianos, expertos piden una acción institucional coordinada para que quedarse en la patria sea una opción viable para las familias.

El declive de la presencia cristiana palestina es real, grave y se acelera en todos los territorios ocupados. Aunque las advertencias de líderes eclesiales y activistas se repiten con frecuencia, hoy no existe ningún plan integral para afrontar con eficacia ese cambio demográfico en Jerusalén ni en Cisjordania.
Entre cuarenta y siete mil y cincuenta mil cristianos permanecen en Cisjordania y Jerusalén Oriental, según estadísticas de dos mil diecisiete. Gaza tenía cerca de mil quinientos cristianos antes de la guerra, pero se cree que quedan menos de quinientos en medio del desplazamiento y la destrucción.
Ese éxodo silencioso avanza mientras los jóvenes se van a estudiar o trabajar al extranjero. Una pareja rehace su vida en Chile en lugar de Belén, y familias de Ramallah se mudan a Houston. Todos concluyen que construir un futuro en casa se ha vuelto sencillamente demasiado difícil en las condiciones actuales.
Las razones están a la vista de todos: la ocupación, el régimen de permisos, la expansión de los asentamientos y la creciente violencia de los colonos. Las duras restricciones al movimiento, la fragmentación del territorio, la presión económica y la falta de horizonte político convierten esas zonas en una cárcel a cielo abierto para los palestinos.
Kairos Palestina ofreció otra visión hace más de quince años con su documento de dos mil nueve. Allí sostuvo que los cristianos palestinos son parte originaria del pueblo. Permanecer en la tierra y resistir el despojo son, para la comunidad, responsabilidades políticas y teológicas a la vez.
El problema no es la falta de visión, sino la ausencia de infraestructura institucional. Las iglesias poseen tierras valiosas, escuelas, hospitales y recursos financieros. Esos bienes deben sostener la supervivencia de la comunidad mediante estrategias coordinadas, en vez de seguir siendo servicios inconexos dedicados solo a asuntos administrativos internos.
Las ventas importantes de propiedades cristianas palestinas deberían pasar por una revisión local independiente con representantes de la comunidad. Deben participar expertos en derecho y finanzas para evitar la pérdida de tierras de importancia estratégica. No se puede recurrir a la comunidad solo después de que un bien relevante se haya perdido de forma definitiva ante compradores externos.
Las escuelas y los hospitales de las iglesias deberían priorizar las áreas que necesita la economía local. Los programas de formación profesional podrían preparar a los jóvenes para ganarse la vida sin emigrar. Las iglesias vinculadas al turismo religioso deben retener más ingresos en la economía local apoyando directamente a guías y pequeños negocios.
Las trece confesiones cristianas no necesitan fusionarse, pero sí repartirse responsabilidades. El Patriarcado Ortodoxo debería defender las tierras de la Iglesia, mientras las instituciones católicas se centran en la educación. Las iglesias anglicanas pueden usar con eficacia sus redes internacionales para la defensa jurídica y la reunificación familiar a través de las fronteras.
La diáspora es otro recurso en gran medida sin explotar, tanto en capital como en conocimiento. Los cristianos palestinos en el exterior cuentan con redes empresariales capaces de ofrecer créditos a pequeños negocios y ayudas para vivienda. Invertir en comunidades como Belén y Jerusalén exige una gestión competente, transparencia y voluntad real de los donantes.
La solidaridad occidental debe pasar de salvar cristianos a ayudar a los palestinos a quedarse. Eso implica apoyar la vivienda, la formación profesional y la defensa legal. No basta con elaborar informes que documenten las salidas. El objetivo es ayudar a los cristianos palestinos a construir un futuro en su tierra natal pese a las dificultades persistentes.
Es hora de que las iglesias midan su impacto de otro modo. ¿A cuántas familias ayudaron a quedarse? ¿Cuántas viviendas se rehabilitaron? ¿Cuánta tierra se protegió? Esos son los verdaderos indicadores del éxito para convertir la firmeza en un proyecto institucional y económico de supervivencia.