Niños amputados aprenden a nadar en una piscina de al-Mawasi
Un programa de rehabilitación atiende a unos 30 niños por tanda: cada sesión empieza con apoyo psicológico y termina en el agua.

Unos 30 niños amputados en Gaza están aprendiendo a nadar en una pequeña piscina de al-Mawasi, al oeste de Khan Younis, en el sur de la Franja, dentro de un programa de rehabilitación que dirige Heal Palestine junto con la Tantish Swimming Academy.
Najwa Abu Amr, entrenadora del programa, dice que la mayoría de los niños llegan con miedo al agua y convencidos de que sus heridas y las condiciones de la guerra ponen la natación fuera de su alcance. Los instructores los introducen poco a poco, señala, hasta que logran nadar sin ayuda.
Las sesiones no empiezan en la piscina. A los niños se les ofrece primero apoyo psicológico y después ejercicios de calentamiento y juegos, antes de que alguno entre en el agua.
Mahmoud Rafiq Abu Shadaq, de 14 años, perdió una pierna el 1 de agosto de 2025, herido mientras su familia estaba desplazada, y pasó cerca de un mes en el hospital. Describe las semanas siguientes como las más duras que ha vivido: levantarse de la cama era imposible, llegar solo al baño también, y ni las muletas ni la silla de ruedas le resultaban fáciles. El hambre acompañaba a la herida: a veces, cuenta, no había más que pan con arena, y se lo comía.
Nunca había nadado antes de resultar herido. Al empezar las sesiones tenía miedo del agua y ahora domina varios estilos; quiere seguir entrenando y competir.
Mena Ashour, de 13 años, perdió la pierna en julio de 2025, cuando un ataque alcanzó una casa contigua al lugar donde su familia se había refugiado, en la zona de los Chalets de Deir al-Balah. La metralla la hirió a ella y a sus hermanos, y su hermana también perdió una pierna. La familia ya carecía de alimentos y medicinas y no podía pagar lo que se vendía: su madre llegó a pagar 60 shekels por una pequeña cantidad de uvas. Ahora entrena espalda y otros tres estilos, y dice que ha recuperado la confianza, aunque no del todo.
La natación hace algo que una prótesis no hace. Devuelve al niño al grupo de otros niños que hacen lo mismo, a una edad en la que quedar fuera es una herida en sí misma, y le restituye parte del movimiento que le habían quitado la sala del hospital y la silla de ruedas. Abu Amr explica que el objetivo es sacar a los niños del aislamiento y llevarlos a una actividad que puedan disfrutar como una parte más de su comunidad.
Lo que alcanza el programa es una fracción de lo necesario. Sus organizadores quieren ampliarlo y advierten de que el número de niños amputados en Gaza supera con creces lo que una sola piscina puede atender. Abu Amr resume el mensaje en tres palabras —nada es imposible— y sostiene que perder un miembro no debe costarle a un niño la oportunidad de aprender, de jugar o de hacer deporte.