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Amputado de ambas piernas, un albañil de Gaza cultiva un huerto

Mahmoud Skik perdió las dos piernas el 7 de noviembre de 2023 y con ellas el trabajo en la construcción que daba de comer a sus hijos. Ahora cultiva pimientos verdes en los recipientes que consigue reunir y dice que no le ha llegado ninguna ayuda externa.

Amputado de ambas piernas, un albañil de Gaza cultiva un huerto

El trabajo en la construcción con el que Mahmoud Abdel Karim Skik daba de comer a sus hijos terminó el 7 de noviembre de 2023, el día en que resultó herido en Gaza y le amputaron las dos piernas. Casi tres años después, cultiva pimientos verdes en los recipientes y los pedazos de tierra que logra reunir.

Lo que más le pesa no es tanto la herida como lo que vino después. «El mayor dolor no es solo haber perdido las piernas. Es que mi vida se detuvo y no puedo trabajar para mis hijos», afirma.

Ahora no entra nada. «En cuanto a ingresos, no tengo nada», dice, y describe una búsqueda diaria de comida y agua para la casa. En ocasiones ha vendido pertenencias para cubrir sus gastos.

Lo que sus hijos señalan en los mercados sigue fuera de su alcance, y cuenta que les responde que lo encontrarán en el paraíso. Algunas de esas cosas también las querría para sí mismo.

Cultivar plantas era un pasatiempo antes de la lesión. Desde entonces lo ha convertido en un pequeño negocio, con los plantones, las herramientas y los recipientes que consigue, y sus pimenteras empiezan a dar fruto. Mantenerlas vivas exige agua y tratamientos agrícolas difíciles de conseguir en la Franja.

Lo que impide que la parcela crezca es la falta de apoyo desde fuera. Dinero, equipos y suministros le permitirían aprovechar mejor el espacio del que dispone, dice; no ha llegado nada. Por ahora, el valor del huerto está menos en lo que da que en lo que devuelve: un día con trabajo dentro y una parte de la independencia que le quitó la guerra.

Se incluye en un grupo que, dice, ha quedado casi al final de las prioridades de Gaza: las personas con discapacidad, y sobre todo quienes quedaron discapacitados por la guerra, sin los servicios y el apoyo que necesitan. Si hubiera perdido una pierna en lugar de dos, cree, volver a una obra podría haber estado a su alcance.

A otros heridos por la guerra les ofrece el argumento que ya defienden sus plantas: que una herida no es donde se detiene una vida y que vale la pena trabajar con lo que a uno le queda.