Gaza: médicos alertan de retraso de crecimiento irreversible en niños
El personal médico del hospital Nasser informa de un aumento de los casos de retraso del crecimiento y teme daños cognitivos y físicos a largo plazo por la desnutrición prolongada.

Los médicos del hospital Nasser, en Khan Younis, observan una tendencia alarmante entre los niños de Gaza. Más allá del hambre inmediata, detectan retrasos del crecimiento que pueden alterar de forma permanente a toda una generación. La crisis se debe a la privación nutricional prolongada durante etapas decisivas del desarrollo desde que empezó la guerra.
Tahrir Zidan lleva con regularidad a su hija Tala, de cinco años, a la clínica de desnutrición. Mide apenas 94 centímetros, muy por debajo de la media de 109 a 110 centímetros para su edad. Su peso apenas ha variado en dos años y a veces incluso adelgaza, pese a las visitas repetidas para recibir suplementos nutricionales.
Zidan, desplazado ahora en Mawasi, no puede costear una dieta equilibrada para sus tres hijos. Dos de ellos sufren desnutrición. Depende de los comedores solidarios: «La comida que consigo en el comedor solidario suele acabarse cuando la mayoría de nosotros seguimos con hambre». No compra carne ni fruta desde que comenzó la guerra.
El doctor Ahmad al-Farra, jefe de pediatría del hospital Nasser, atiende a diario decenas de casos así. Advierte de que las consecuencias catastróficas de la desnutrición ya son visibles. El principal problema que aparece es la baja estatura, que atribuye a la hambruna provocada por Israel y a la grave escasez de alimentos que sufren los habitantes de Gaza.
Isra al-Najjar, responsable de Nutrición Clínica, señala un aumento mensual de los casos de retraso del crecimiento. Cada día se detectan entre tres y diez casos nuevos. El retraso se mide según los estándares de talla para la edad. La falta de proteínas y de grasas saludables durante la hambruna de 2025 ha afectado gravemente al crecimiento y al desarrollo físico de los niños.
Los efectos van más allá del tamaño. Al-Farra explica que el daño neurológico y cognitivo puede no ser del todo reversible aunque mejore la alimentación. Teme que toda una generación arrastre problemas crónicos de salud, retraso en el desarrollo mental y menor capacidad intelectual, lo que generaría un ciclo intergeneracional de mala salud y de potencial futuro reducido.