En Surif, los muros de piedra marcan generaciones de trabajo
La localidad, al noroeste de Hebrón, lee su propia historia en las terrazas que sus familias levantaron a mano y en los olivos e higueras plantados entre ellas.

Los muros de piedra que recorren las laderas de Surif, una localidad situada a unos 20 kilómetros al noroeste de Hebrón, en la Cisjordania ocupada, fueron levantados por las familias que desbrozaron y cultivaron la tierra que hay debajo. Sus habitantes no los ven como restos de mampostería, sino como la prueba de ese trabajo, en pie entre los olivos y las higueras que plantaron esas mismas familias.
La localidad se asienta en lo alto, entre picos montañosos, y su nombre se atribuye tradicionalmente a la expresión Sur al-Rif, en referencia a ese terreno. Su herencia cultural va del periodo romano hasta el presente.
Ali Abu Farah, historiador, describió Surif como un símbolo de la firmeza palestina y no como un simple punto en el mapa: «los pulmones con los que respiramos». Dijo que la localidad fue moldeada por los sacrificios de quienes defendieron su arraigo a la tierra, y rindió homenaje a quienes construyeron, cavaron y araron para que lo hecho por ellos les sobreviviera.
Para Bashar Hmeidan, vecino de Surif, conservar algo de todo eso pasa por transmitirlo. «Aprendimos de nuestros abuelos cómo amaban la tierra y la trabajaban como si fuera su tesoro más preciado», dijo. La generación que ahora cría hijos en la localidad, señaló, tiene el mismo deber hacia ellos: enseñarles el valor de la tierra y cómo cuidar lo que quedó a su cargo.
La diferencia importa en un lugar donde el patrimonio suele documentarse para los visitantes en vez de usarse. En Surif pervive en el transcurso ordinario del año —en los olivares, los muros y los campos que se siguen trabajando mientras pasan de padres a hijos—, y por eso mismo su estado depende de que las familias puedan seguir llegando a la tierra y trabajándola.